"Si no estás con N, estarás con M". O no. Hay una deformación mental, que es el pensamiento dicotómico, contraria a la lógica más elemental. Si estoy en contra de N (o a favor), lo podré estar también de M, de R, de S... No hay por qué elegir siempre. Si me preguntan qué dedo prefiero que me amputen, si el pulgar o el índice, respondo que ninguno. En política española, hoy: si no puedo ver a Zapatero, eso no quiere decir que pueda ver a Rajoy.
Las tertulias televisivas o de radio, de contenido político, están llenas de este pensamiento dicotómico, que da origen a los argumentos del tipo "pues el gobierno de... lo hizo peor", sin caer en la cuenta que tanto uno como otro lo pueden haber hecho pésimamente. Casi nada en la vida es negro sobre blanco. Lo preferimos porque resulta cómodo. ¿Quién es mi enemigo? El diga una cosa distinta.


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