Decían los antiguos que "corruptio optimi, pessima", que la peor corrupción es la corrupción de lo óptimo.
La democracia, tal como hoy se conoce, no es lo óptimo. Su corrupción no hace vomitar, pero sí provoca arcadas.
Si algún periodista fuera tan valiente como para confeccionar y publicar el mapa de la corrupción política, hoy, en España entonces sí, entonces, ver todo junto provocaría la pota.
En una encuesta, el 85% de los encuestados piensan que hay corrupción en su ayuntamiento. Si la democracia se convierte en el régimen en el que el pueblo piensa mayoritariamente que unos cuantos políticos se están forrando a costa de lo público, ¿cómo se llamará esa democracia? Podrida democracia. Aprovechando el malestar por esa corrupción en algunos sitios surgen líderes populistas que luego se eternizan como dictadores.
Eso ya lo vio Platón y lo escribió en La República.
Presumimos de modernos pero nuestros vicios son los de siempre: el auri sacra fames, que decía Virgilio, el hambre sacra de dinero, la afición desmedida por la pasta,
jueves, 29 de octubre de 2009
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