Decían los antiguos que "corruptio optimi, pessima", que la peor corrupción es la corrupción de lo óptimo.
La democracia, tal como hoy se conoce, no es lo óptimo. Su corrupción no hace vomitar, pero sí provoca arcadas.
Si algún periodista fuera tan valiente como para confeccionar y publicar el mapa de la corrupción política, hoy, en España entonces sí, entonces, ver todo junto provocaría la pota.
En una encuesta, el 85% de los encuestados piensan que hay corrupción en su ayuntamiento. Si la democracia se convierte en el régimen en el que el pueblo piensa mayoritariamente que unos cuantos políticos se están forrando a costa de lo público, ¿cómo se llamará esa democracia? Podrida democracia. Aprovechando el malestar por esa corrupción en algunos sitios surgen líderes populistas que luego se eternizan como dictadores.
Eso ya lo vio Platón y lo escribió en La República.
Presumimos de modernos pero nuestros vicios son los de siempre: el auri sacra fames, que decía Virgilio, el hambre sacra de dinero, la afición desmedida por la pasta,
jueves, 29 de octubre de 2009
sábado, 24 de octubre de 2009
El mal
Leo en "Diario de un desesperado", de Friedrich Reck (1884-1945), testigo y víctima de la maldad nazi: "En una ocasión, en el Atlántico sur, vi a un ballenero obstinado en arponear a una gran ballena, una madre acompañada de su cachorro. Los intestinos colgaban fuera del vientre desgarrado del enorme animal, y aun así , nadando en el agua enrojecida de sangre,la madre se esforzaba en proteger a su hijo con el cuerpo herido de muerte. Desde que vi aquella escena, desde que oí la risa burlona del arponero y contemplé la agonía de aquella criatura fiel hasta la muerte, creo en la existencia de Satán, igual que creo en Dios".
Si la crueldad siempre es algo asqueroso y apesta, la crueldad contra la generosidad y la fidelidad sólo puede provenir de la misma entraña del mal.
Si la crueldad siempre es algo asqueroso y apesta, la crueldad contra la generosidad y la fidelidad sólo puede provenir de la misma entraña del mal.
viernes, 16 de octubre de 2009
Suave otoño
Me gusta el otoño, ese tiempo breve en el que ya no hay calor pero tampoco frío o este es soportable y saludable. Me gustan los frutos del otoño: el membrudo membrillo, la castaña caliente, el cuerpo blanco del boniato o la pulpa amarilla de la batata; y las nueces, que parecen cerebros, y las almendras, tan protegidas en su cáscara de leño y de fibras.
Me gusta el otoño porque no exagera, como el verano o el invierno. Ni presume, como la cursi primavera. El otoño es la única estación que se deja ser. Es mi preferencia: no ir de nada, sino dejarse ser. ¡Vaya confesión!
Me gusta el otoño porque no exagera, como el verano o el invierno. Ni presume, como la cursi primavera. El otoño es la única estación que se deja ser. Es mi preferencia: no ir de nada, sino dejarse ser. ¡Vaya confesión!
jueves, 1 de octubre de 2009
Ma da grima Zapatero
No puedo ver a Zapatero. Literalmente. Si sale en la tele, cambio de canal. Si sale en más de dos, apago. No puedo verlo. No puedo ver su sonrisa falsa, su mirada astutamente inocente, su capacidad para decir un día lo contrario de lo que dijo el otro, su insoportable ligereza, su... No puedo verlo. Me parece una afrenta a la humanidad.
Y todo, no porque me entusiasmen las barbas de Rajoy. No es algo político. Es una repulsión natural, que nace ante un mago de tercera categoría al que se le ven todos los trucos. ¿Cómo algo tan obvio puede engañar a tanta gente a la vez?
Y todo, no porque me entusiasmen las barbas de Rajoy. No es algo político. Es una repulsión natural, que nace ante un mago de tercera categoría al que se le ven todos los trucos. ¿Cómo algo tan obvio puede engañar a tanta gente a la vez?
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