Uno de los daños colaterales de las gripes es el descrédito del nombre. La del 18 se llamó injustamente la española viniendo, como vino, de Asia. La de ahora no se llama por suerte, mexicana, pero, para desgracia de los cerdos, sí porcina.
El pánico que ha provocado y provoca responde a la constante humana de la morbosa atracción hacia el apocalipsis. A muchos -no a mí- les fascina la catástrofe. Gusta inventar terrores, si no, ¿a qué tanta afición a ese género en el cine? Incluso se inventan terrores antiguos. Es un tópico hablar de los "terrores del año 1000", pero se han descubierto en Europa multitud de contratos firmados en 999 y con vigencia para cinco, diez o más años. "Los terrores del año 1000" fueron inventados después del año 1000.
viernes, 8 de mayo de 2009
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