Abusos sexuales, pedofilia, además de otras injusticias hoy mejor consideradas, ha habido siempre. Y en todas partes, hasta o incluso en las mejores familias. Pero es notable cómo las acusaciones se ceban sobre todo contra la Iglesia católica.
Creo saber por qué, aunque es un poco largo explicarlo.
Para empezar hay que preguntarse por qué actúa en definitiva la gente
¿Qué influye más en el comportamiento concreto del común de la gente? ¿El paradigma dominante en la época, difundido sobre todo por los medios? ¿La experiencia concreta, cercana, de lo que ve en el entorno, las circunstancias familiares, los grupos o instituciones a los que se pertenece? ¿Las convicciones internas, el “modelo de vida”?
Cuando las convicciones son sólidas y fundadas, eso será lo más influyente y decisivo. Pero eso se da en una escasa minoría de la población. Un porcentaje mayor de gente se atiene a lo que ha visto hacer y a lo que se hace en su ámbito familiar. No se trata ya de convicciones adquiridas sino heredadas. Para esto hace falta que el modelo familiar que funcione como una estructura relativamente sólida.
Un papel semejante al de la familia “estructurada” juega el grupo de amigos o la pertenencia a una organización, pudiendo ser esta muy diversa en sus fines: desde una tribu urbana a una ong o una institución de carácter religioso, etc.
El influjo del paradigma que difunden los medios es el más débil, por ser externo. No es lo que “se ve en directo” y “se experimenta”, sino lo que “se ve” en imágenes reflejas, “se lee” o “se oye”.
Forjemos una hipótesis: si en la media de gente (es decir, la mayoría de personas sin convicciones profundas, buscadas, “conquistadas”), la influencia de los medios es x, la influencia de su entorno cercano (familia, grupo de amigos, organizaciones a las que puede pertenecer) es nx, siendo n una cantidad positiva.
Esta hipótesis tiene mucho que ver con la productiva y esclarecedora distinción entre “opinión pública real” y “opinión pública mediatizada”.
La opinión pública real es la suma de las opiniones de todos los componentes adultos de una determinada sociedad, cosa que solo se puede saber con fiabilidad preguntando a todos ellos.
La opinión pública mediatizada es la suma contrastada de la opinión que en la práctica defiende los distintos medios. En muchos casos esa opinión es la “línea editorial” y responde a intereses comerciales, ideológicos y políticos. Esa opinión pública mediatizada es en realidad la opinión de determinados grupos que desean adquirir más influencia haciendo pasar esa opinión particular por la opinión general y pública.
Aunque la “experiencia cercana” influya más en el comportamiento que los medios, la debilidad de esa experiencia es que está fragmentada, que no suma o, al menos que “no se la ve sumar”. Y quienes desean influir ideológicamente a través de los medios –lo que, entre otras cosas, significa que irá mejor el negocio de los medios- están interesados en fragmentar cada vez más la experiencia cercana.
Después de la familia, o al mismo nivel, están las instituciones capaces de dar un sentido a la vida de la persona. Hay muchas pero las más extendidas son las de carácter religioso.
En la historia de la humanidad, hasta hoy mismo, hay grupos que se han presentado como religiosos sin serlo en realidad, en la medida en que incitan a la división, al odio o al fanatismo. Si religión, en su sentido más elemental, es la “religación” del ser humano con Dios, y Dios es el Bien supremo, es incompatible con la religión favorecer el mal.
Intentar el desprestigio de la religión en general y del cristianismo en particular (y del catolicismo como especial saña) es otro de los modos de acabar con los ámbitos de experiencia cercana que proporciona la formación necesaria para no sucumbir ante “lo socialmente correcto”. Los medios son los instrumentos de esto pero, a la vez, se ven beneficiados, porque venden más con el escándalo que con el elogio, con el morbo que con la bondad, cosa bien sabida desde siempre.
Son consideraciones generales pero es el pensamiento crítico el que consigue ver el fondo de las cuestiones –en este caso los variados ataques a la familia y a la Iglesia- sin dejarse entretener demasiado por el goteo -a veces baboso- de la llamada información.
sábado, 8 de mayo de 2010
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Lo primero que habría que hacer es disociar de una vez política y religión. ¿Es justo meter entre rejas -por asesino, según un católico papista- a todo el que aborta, por lo menos 20 años? No, por la sencilla razón de que un pecado y un delito son dos cosas completamente distintas. Así que cuando la iglesia deje de pedir el voto para uno u otro partido, o una u otra ley, o decirle a los gobernantes cómo tienen que hacer su trabajo, entonces la política (los medios) dejarán de meterse con la iglesia. El lema propagandístico sería "no me quites votantes y yo no te quitaré fieles" (o al contrario).
ResponderEliminarOtro modo de verlo: los políticos, representantes de los hombres, son imperfectos. Por tanto, lo lógico es que sean unos canallas (cuando lo son). Los curas, ministros de Dios, bla, bla, bla. Se entiende. Por eso, más caña para los curas. Además, es gracioso darle caña a los curas y a los frailes (las monjas no sé por qué se salvan más, pero siempre son más carne de cañón los curas y los frailes, quizá por la cantidad de carne que contienen sus cuerpos tradicionalmente y quizá también por la cantidad y calidad de rapiña organizada que han practicado durante muchos siglos).
Otra cosa. A los occidentales nos producen un miedo irracional los "moros". Si no, habría muchas más críticas, y mucho más descarnadas, contra el Islam, porque en la mayoría de los casos la disociación de política y la religión directamente no existe. Y el resto de las religiones, con sus estatuillas de elefantes haciendo yoga, directamente nos hacen risa y nos pillan tan a desmano que ni siquiera las tomamos en cuenta, aquí, digo. Eso podría explicar por qué el ensañamiento con una religión particular, la católica. Eso y que la religión católica también es muy mediática y, por tanto, más criticable.
Por último el factor "prensa amarilla" es determinante. Me imagino que es mucho más jugoso lo de los dos jugadores del barça haciendo manitas. Pero si no, unas buenas violaciones de menores a manos de un cura son impagables.
De acuerdo con casi todo lo que dices menos en lo del aborto. Ningún católico, sin más (lo de “católico papista” no cuela), con dos dedos de frente, pide veinte años para quien aborta. Nadie en España ha ido a la cárcel por eso. Otra cosa es el abortador (que tampoco va al trullo), aunque se con frecuencia plazos legales, mate a fetos de seis meses y falsifique documentos. El aborto es mal ejemplo porque, se mire como se mire, es suprimir a un ser humano que está en camino.
ResponderEliminarSeparación Iglesia/Estado. Después de un largo proceso, eso está en Occidente bien instalado. Otra cosa es la libertad de expresión: los obispos, sacerdotes, como ciudadanos, tienen el derecho a criticar a los políticos (y los políticos a los obispos). Pero decir lo que se piensa no es perseguir ni inmiscuirse. Es simplemente libertad.
Otra razón para el ensañamiento mediático (que no de la gente corriente) con la Iglesia es que, en el fondo, no se puede prescindir de ella. Con frecuencia se maltrata lo que se ama.
en general son unos cerdos hijosdeputa, por acortar
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